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¿Qué es la movilización comunitaria?

Cuando una comunidad se une para lograr un objetivo específico mediante esfuerzos propios se produce lo que denominamos “movilización comunitaria” o “movilización social”. Se trata de un término frecuentemente asociado a la atención sanitaria, pero su enfoque puede ser aplicado a cualquier causa. La Organización Mundial de la Salud, define a la movilización como la “columna vertebral” de los esfuerzos para lograr la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, considerando que la salud es el estado de completo bienestar físico, mental y social y no simplemente la ausencia de enfermedad, se trata de un derecho humano fundamental cuyo logro al más alto nivel requiere la acción de muchos sectores sociales y económicos, además del sector salud.

Asimismo, han existido movimientos sociales preocupados por el cambio climático, en contra de la pobreza, a favor del comercio internacional justo, para la atención del VIH, en contra de la violencia racial y de género, entre muchos otros.

Cómo funciona la movilización: mirando a la justicia racial

La movilización comunitaria actúa con cierta continuidad para promover o resistir un cambio en la sociedad o grupo del que forma parte. Esta se logra, en términos generales, formulando un imaginario (el tema/objetivo) y definiendo el campo de acción a través de plantones, marchas, boicots, protestas, conciertos, envíos de correos electrónicos, entre otros, que puedan ser impulsados desde diversos sectores o componentes de la sociedad civil. Lo más importante es que haya legitimidad, credibilidad y transparencia en la movilización, y eso simplemente se logra cuando la información fluye.

Tomando como tema la justicia racial, podemos observar que esta siempre ha implicado la movilización de la comunidad, por ejemplo, en Estados Unidos el movimiento por los derechos civiles dependía de estrategias como boicots, sentadas y marchas. En 2020, tras el asesinato de George Floyd, comenzaron las protestas en todo el país por justicia racial, pero ¿Qué implicaciones tiene una movilización por justicia racial? Básicamente implica cuatro pasos principales:

Hablar con la comunidad

El primer paso para organizar una movilización comunitaria de justicia racial es iniciar un dialogo dentro de la comunidad en torno al tema/objetivo (como la brutalidad policial). La importancia del dialogo es determinante para el éxito de la campaña. Lo organizadores deben escuchar a los más afectados y priorizar sus voces. Es necesario un debate en toda la comunidad, ya que pueden surgir perspectivas no visibles en primer plano. Asimismo el diálogo establece cuáles son las necesidades y los deseos de la comunidad; qué trabajo se está haciendo ya; nuevas ideas para la acción; y desafíos que atender. Esto representa, para los activistas, la base sólida sobre la cual erigir la movilización.

Definir los objetivos

Una vez que la campaña cuenta con el apoyo de diversos sectores de la comunidad, es necesario definir sus objetivos específicos. Los objetivos deben ser claros y basados en pruebas. No deben ser tomados a la ligera. La campaña “8 Can’t Wait” es un claro ejemplo del fracaso de una movilización por basarse en pruebas “endebles”. Utilizó un estudio de correlación sobre el nivel de asesinatos de civiles por parte de la policía, las políticas de uso de la fuerza y la demografía de las ciudades. Con esta información, concluyó que la adopción de determinadas políticas reduce los asesinatos policiales. Esta conclusión no contó con el apoyo de las asociaciones y otros activistas no tardaron en intervenir, refutando las afirmaciones “basadas en pruebas” de la campaña y acusándola de engaño. Tras la apabullante reacción la organización se disculpó y el cofundador se marchó.

Reunir una coalición

Una vez establecidos los objetivos de manera clara y probatoria, es el momento de crear una coalición de grupos e individuos que quieran poner en marcha el plan. Esto puede incluir a activistas independientes, periodistas, ONG, empresarios, líderes religiosos, profesionales de la salud y líderes políticos. Es importante tener en cuenta el historial de los posibles colaboradores en materia de justicia racial y las habilidades que aportan.

Por ejemplo, puede haber una imprenta local que quiera donar folletos o pancartas para informar a la población el motivo de la movilización, o algún restaurante que quiera donar agua y comida para los manifestantes. Los organizadores deben reunirse previamente con la imprenta y el restaurante para asegurarse de que el propietario entiende la misión de la campaña y evitar malentendidos en el futuro. A la hora de crear una coalición, los líderes deben asegurarse de que los participantes no impulsen programas que no se ajusten a la campaña y que puedan contradecir el objetivo planteado. La comunicación abierta y la transparencia entre todos los participantes y líderes son esenciales y debe ocurrir de forma continua; no es algo que se pueda marcar en una lista y terminar.

Decidir las estrategias

Ahora que hay participantes involucrados con la campaña, ¿qué estrategias deben utilizarse? Las campañas de justicia racial siempre han utilizado una gran variedad de estrategias. En el verano, las protestas ocuparon el centro de la escena, pero los medios de comunicación sólo captaron una parte de lo que supone organizar protestas y diferentes actividades. Las marchas, las vigilias, los conciertos, las ferias de arte, etc., forman parte de la sensibilización y la presión no violenta sobre las autoridades. Hacer realidad estos eventos depende de la financiación, los voluntarios y la difusión en la comunidad. Gracias a las redes sociales, casi cualquiera puede hacer correr la voz y reunir a un grupo. Una de las características del movimiento por la justicia racial de 2020 han sido los murales callejeros. Grupos de artistas se reúnen, a veces escribiendo cada uno una letra de la frase “Black Lives Matter” en la calle. Ha habido tantos murales callejeros que la lista tiene su propia página de Wikipedia.

¿Cómo se mide el éxito de la movilización comunitaria?

En el caso de la justicia racial, es una cuestión complicada. Observar la opinión pública es una forma de medir el progreso de la campaña. Tomando como ejemplo el hashtag y la organización Black Lives Matter, estas existen desde 2013, pero en 2020 irrumpió en Internet. También empezó a aparecer entre grupos demográficos que no lo habían usado antes. El alza en el número de corporaciones que prometen examinar sus propios esfuerzos de justicia racial también indica la aceptación de la corriente principal, y aunque su compromiso aún no está claro, es significativo que las empresas crean que apoyar la justicia racial es bueno para el negocio. Las pequeñas victorias pueden celebrarse aunque el trabajo continúe. La movilización de la comunidad requiere paciencia, pero cuando la gente se une, el cambio está en el horizonte.